“Como te pareces a tu padre” es indudablemente la frase que más veces oí a lo largo de mi infancia. Y no había una sola vez que la oyera que no me sintiera rabioso, frustrado, violento y desorientado. ¿Qué culpa tenía yo de parecerme? Me preguntaba de niño. ¿Es que tengo yo acaso que pagar con penitencia propia los pecados de mi padre, y además la multa añadida por el mal gusto de mi madre? Reflexionaba cuando ya era algo más mayor. Y se lo decía, yo se lo decía, “mamá, odio que me digas eso” Pero daba igual. Puede que se aguantara durante unos días, unas semanas como mucho. O tal vez es que no hubiera ocasión de poder decirla. Pero tarde o temprano algo pasaba, en algo me equivocaba, algo hacía de manera que ella pudiera considerar errónea, y ya estábamos de nuevo. Cómo te pareces a tu padre. Y me quedaba de nuevo hundido, anonadado, incapaz de responder…
Sí había alguna respuesta posible, como la que muchas veces soltaba con su voz suave y meliflua mi tía Tarsila. “¿Y a quién quieres que se parezca el niño, a Kirk Douglas?” Mi madre quedaba en silencio si oía a Tarsila soltar aquella perla cargada de cinismo y mala leche, pero, aunque no dijera nada, clavaba en su hermana pequeña esa mirada de una oscuridad insondable que conozco tan bien, hasta casi hacerla llorar. Porque Tarsila, una mujer felina, independiente, egoísta y astuta, una mente masculina encerrada en un cuerpo voluptuoso coronado por una espectacular cabellera rubia natural que caía ondulada sobre un hermoso rostro donde brillaban dos ojos verdes como esmeraldas en un óvalo de piel tersa y nívea de escandinava (Os aseguro que aún ahora, cercana a los setenta y con bastante sobrepeso, es una mujer que llama la atención), Tarsila, decía, no es malvada. Cínica sí. Egocéntrica, a veces. Pero malvada no, tiene buena pasta, sobre todo con la familia. Mi madre es cuento aparte. Mi madre tiene ácido en las venas y el corazón de piedra.
Casi todo lo malo de la vida lo he aprendido de las mujeres. Lo digo sin un ápice de machismo, pues de ellas he aprendido también todo lo bueno. Pero hoy, este día y este artículo, están dedicados a lo malo. Una mujer me partió en dos el corazón, la semana que viene hará justo diez años. Otra, según todos la peor, me arrancó con unas tenazas un buen trozo de la mitad que me quedaba, y se lo llevó como trofeo al otro lado del océano, dentro de dos semanas hará justo ocho años, también bajo la luna de Escorpio. Pero ninguna de ellas me enseñó a odiar. No. Ese fue trabajo de mi madre.
Cuando estaba a punto de cumplir seis años, y era feliz en casa de mis abuelos, en el pueblo, me sacaron de allí precipitadamente y me trajeron a toda prisa a Barcelona (Aún tengo un recuerdo vívido del olor nauseabundo del tren expreso, de aquella noche inacabable y terrorífica viajando con destino para mí desconocido, de aquella mirada triste y resignada en los ojos llorosos de mi abuela…) porque mi madre me reclamaba. Una madre que no se había dignado ir a verme una sola vez en seis años. Una madre a la que conocí plantada como una sombra oscura en el andén de
De niño, mi madre me daba verdadero miedo. Cuando mi abuela vino a vivir con nosotros a Barcelona, en circunstancias que me es triste detallar, yo, que me acostaba el primero, siempre pedía que “me vigilara”, y ahí quedaba mi pobre y enferma abuela, haciendo guardia a mi puerta hasta que me dormía. Nadie le daba demasiada importancia, creyendo todos que me daba miedo la oscuridad. Y una mierda. No había nada en la oscuridad que me asustara, lo que no quería es que mi abuela dejara entrar a mi madre, que esa posibilidad sí que me asustaba…
Tardé muchos años en perder el miedo, en poder mirarme en ese abismo de odio y desesperación que es la mirada de mi madre sin temblar ni sentir congoja. Lo conseguí ya cumplidos los veinte, y fue entonces cuando ella cogió sus bártulos y se marchó al pueblo. Si no podía tenerme bajo su yugo, prefería irse, no soportaba entonces, como sigue sin soportar ahora, verme convertido en un espíritu libre, que hace caso omiso de sus órdenes (Últimamente las disfraza de recomendaciones, pero siguen siendo órdenes) y ha roto las cadenas de su esclavitud. Aquella casona edificada por las manos de mi bisabuelo se ha convertido en su cárcel y su refugio a partes iguales. En las soleadas tardes estivales, se instala con su maletín de costura en la luminosa galería que da al soto, y cose incansablemente mientras reza y maldice a partes iguales. Que mi madre no es mujer moderada ni discreta que conozca el valor del equilibrio y las bondades del justo medio, muy al contrario, adora los extremos, es radical en todo lo que hace y dice, y tanto es capaz de pasarse horas de rodillas rezando una novena a nuestro Santo patrón, San Pelayo, o a
Tardé en descubrirlo, como casi todo, que parece que en mi vida he llegado tarde a todas partes. Bien, pero he llegado. Ya lo sé todo. Fue entonces, cuando comprendí por qué mi tía Tarsila llamaba bruja a mi madre en un tono distinto a otros insultos, pues en el caso de mi madre bruja es más una definición que un insulto, que entendí también el empeño que ella tenía siendo yo apenas un niño, en que me hiciera sacerdote. Sí, lo intentó por activa y por pasiva de todas las formas imaginables. Quería a toda costa un hijo cura y no me entraba en la cabeza por qué. Pero también eso, como todo, se ha acabado sabiendo, el tiempo es fuerza poderosa que pone todo y a todos en su sitio… Querías que rezara por ti, ¿no, madre? Querías un hijo sacerdote que te redimiera, que te librara de las penas del infierno. Pero va a ser que no, madre. Iremos los dos al infierno de cabeza, eso deberías tenerlo claro, como yo lo tengo, desde el mismo día de mi decimosexto cumpleaños…

Ofelia Balderas Gallegos.
27 oct 2008 | 10:39 PM
Hola, que lios con la coctelera... me imagino como te sientes, ojala que pronto recuperes tu log y puedas acceder a el, y si no es lo de menos los amigos te seguimos por aqui.
:)
buen inicio de semana.
unaovarios
27 oct 2008 | 10:52 PM
Si ya lo conseguiste, si lo superaste..., si ya lo asumiste, por qué te afecta tanto? Es como regalarle munición al enemigo... Es sólo un segundo de pensar "no importa, pasó, crecí y no me alcanzas", una sonrisa y lejos... Ya sé que depende como te pille la luna es más difícil, pero tres respiraciones y una sonrisa pensando en Stigia después, "prueba superada!!!"
Besos para los dos y un abrazo muy fuerte
peicha
28 oct 2008 | 10:01 AM
¡Diossssssssssssssss!
Me pone los pelos de punta hasta a mi!. No me extraña que sintieses miedo, pero no puedo dejar de sentir pena por ella, me parece un ser completamente atormentado e infeliz. Por algún motivo desconocido no ha aprendido a amar. ¡Que pena!
Yo de mi niñez sólo recuerdo una mirada que me petrificara, era de una pobre mujer del tendero, alcohólica y bizca. Le tenía verdadero pánico pues me miraba de una forma....... Luego más tarde (de mayor) supe porqué. No podía tener más hijos (sólo tenía un chico mayor que yo) y se moría de ganas por tener niños (le encantaban y yo era una niña muy alegre y cariñosa), quizás por eso se tiró a la bebida.
Tu siempre le recordaste a tu padre, que de alguna forma la hirió y vió en ti la forma de vengarse eternamente de él.
Besiños en tus recuerdos!
encontrada
28 oct 2008 | 12:48 PM
Gracias por avisarme de tu nueva ubicación, me habría perdido algo increíble.
El post es buenísimo, tiene unas descripciones geniales y transmite ese miedo, esa rabia, ese sentimiento de liberación.
Lo que espero, de verdad lo espero, es que tenga muy poco de real. Y, si lo tiene, que sea algo que no afecte más que para escribir algún post de vez en cuando.
Un abrazo
Nihilus Monk
28 oct 2008 | 01:07 PM
Ofelia, lo siento, pero me temo que mi blog anterior está perdido, ahora ya ni se me abre el último artículo que antes se podía leer...
Unaovarios, me sorprendes... ¿Que por qué me afecta? Porque es mi vida, y porque una cosa es superarlo y otra muy distinta olvidarlo... Eso no puedo hacerlo.
Peicha, primi, sí, tienes razón, mi madre es infeliz y atormentada, pero también es envidiosa, no le gusta que nadie alcance la felicidad que a ella le ha sido negada... Y llegas efectivamente a la conclusión acertada, por desgracia me parezco físicamente a mi padre, así que como no podía vengarse de él directamente, se vengaba en mí...
Encontrada, gracias por tus buenos deseos, pero por suerte o desgracia es real como la vida misma. Mi vida, mi infancia y mi madre, que aún vive conservada en su propia hiel, son y fueron así. Escribo el artículo con ganas de desahogo, como espero poder escribir sobre algún otro de los muchos venenos que oculta mi ser. No sirve de mucho, la verdad, pero compartirlo ayuda un poquito. Solo un poquito...
erika-blog
28 oct 2008 | 03:38 PM
Conozco un caso parecido al tuyo, aunque las circunstancias son distintas, por eso creo que puedo entender bastante bien lo que cuentas. Desde luego esto no tiene nada que ver con las peleillas que tenemos mi madre y yo, porque en realidad yo la adoro y ella me adora a mi, a pesar de nuestras diferencias.
Realmente a veces hay mujeres que se adjudican el título de madre por el simple hecho de haberte parido y visto lo visto, creo firmemente que eso no tiene nada que ver.
Debió ser duro cuando eras niño, la verdad es que no quiero imaginarlo. Por suerte con el tiempo nos hacemos mayores y podemos controlar mejor las situaciones y no dejar que nos afecten tanto, al menos intentarlo.
Un beso!!
argivo
28 oct 2008 | 05:54 PM
Parece que la nueva administraci+òbn de Coctelera ha sido un desastre. Ahì te seguimos, Bàrnicus. En tu nuevo domicilio y tus historias personales.-
Un abrazo, amigo. Argivo
bordemar
28 oct 2008 | 06:06 PM
Tu olvidar... jamas, un escorpio jamas olvida, y mas temprano que tarde siempre cobra lo que se le debe de una forma u otra, creo conocerlos un poco por eso entiendo tu forma de sentir y de pensar.
Supongo que esto fue un aprendisaje bastante duro para ti, pero que te hizo la persona que eres hoy, no te hizo menos sino mas hombre, mas humano, frio e implacable con la gente que no merece la pena, pero una frialdad superficial que solo esconde bajo una coraza la calidad de tu corazon para que no sea herida de muerte.
Besitosssssssss
cristina castillo
29 oct 2008 | 06:03 AM
Triste historia, parece sacada de novela, lastima que es una realidad, tu realidad..
Me imagino que la presencia de la abuela, ayudo a desarrollar la parte tierna de ti...
Me duele pensar en ese ninito, joven, hombre, rechazado por su propia madre, por los motivos que fueran..
Un abrazo calido
yo